La Magdalena Contreras

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Don Luis de Velasco (1511-1564) "protector del indio en la Colonia" abolió la esclavitud y puso en libertad a más de 50 mil indios que se encontraban en manos de los encomenderos. Prohibe el uso de los tamenes y restituye las tierras de los indígenas.

El Río La Magdalena. dio vida a los poblados aledaños a su cauce. En el siglo XVI el Oidor de la Real Audiencia de México, Don Antonio Canseco, por orden del Virrey, hizo el repartimiento de las aguas del río Magdalena. Se destinaba en primer lugar al Pueblo de Totolapan Mipulco (San Nicolás), en donde vivían 31 indios y existía una hacienda, la que podía hacer uso del agua sólo después de que los indios aprovecharan la que tuvieran necesidad, usando la hacienda sólo el remanente.



Presa del Rey. La segunda toma era para el Barrio de Ocotepec, el Pueblo de San Jerónimo y La Magdalena, además de algunas huertas. El agua seguía su cauce para desembocar en dos presas: una construida por orden del Virrey Marqués de Cerralvo, conocida como Presa del Rey, y la otra por el Oidor Canseco.
Continuaba su cauce pasando por el Molino de Pedro de Sierra y posteriormente surtía al Barrio de Tizapán, regaba además grandes huertas antes de llegar al Barrio de Sitongo, San Jacinto, Tenanitla y al Colegio del Carmen, para continuar dando vida a diversas haciendas y huertas, así como, al Barrio de Chimalistac, al Barrio y Hacienda de Axotla y al Barrio de Oxtopulco.
Al entrar a la Villa de Coyoacán, el agua se detenía en un estanque o caja, para su repartición en las huertas de la misma villa, el agua restante iba a la Hacienda La Piedad, al Convento de Churubusco, a la Hacienda de San Pedro Mártir, a los Barrios de Ozotitlán y Omaxac, y otras varias haciendas



Desarrollo de la Manufactura.
En la parte alta del río, su agua hizo posible la creación de diversos molinos de papel, batanes, obrajes, haciendas, ranchos, huertas y pueblos. No es difícil imaginar la hermosura de aquellas aguas, mismas con que fue bautizado el pueblo nativo de aquellas regiones, como lo testifica el Códice de San Nicolás Totolapan.
El mismo río dotó de energía eléctrica a las fábricas textiles, para mover la maquinaria y lavar las telas, contaminando sus aguas al grado de no poder después ser usada para las necesidades de los pobladores, que se quejaban ante las autoridades.



Los Obrajes. En la jurisdicción de La Magdalena Contreras se conservan una serie de monumentos históricos que se vinculan a los obrajes, ranchos y haciendas que se establecieron durante la colonia.
Los españoles trajeron ovejas al Nuevo Mundo e introdujeron grandes talleres, nombrados obrajes, para la manufactura de la lana y producción de paños.
Juntaron artesanos, esclavos negros e indígenas y prisioneros para trabajar en el obraje, en donde se hilaban, tejían y labraban las jergas, bayetas y otros tejidos.
Los obrajes se fundaron en lugares donde abundaba el agua, pues su proceso la requería para el lavado de la materia prima y el movimiento del batán
Las condiciones climatológicas de la cuenca del río de La Magdalena eran favorables para el establecimiento de obrajes, molinos y batanes que surgieron en el año 1535.



El Obraje de Contreras.
El obraje lo fundó el español Jerónimo de León, quien en 1543 recibió del Cabildo de la Ciudad de México un sitio de batán con una merced de agua junto al templo de San Jerónimo; esta merced quedó registrada en los libros de censos, mismos en que consta que, en 1546 lo adquiere Martín Canon, después Juan Bautista Martínez, a partir de entonces, por sucesiones testamentarias, es propiedad de Diego de Contreras (hijo), Tomás de Contreras (nieto) y Diego de Contreras (bisnieto).
El obraje pasó en el año de 1718 a poder de Juan Pérez Padierna (familiar político) y posteriormente a Don Francisco de la Riva Quintana (yerno de Padierna), quien lo heredó a su yerno Francisco Guerra, último dueño y descendiente de la familia obrajera de Contreras.
Francisco Guerra vendió el obraje a Don Martín de San Juan Barroeta en el año de 1760.



Obraje de Anzaldo.
El obraje se encontraba en los altos del Pueblo de San Jacinto y Camino Real al Pueblo de La Magdalena. Se localizaba junto al obraje de Contreras y entre los pueblos de La Magdalena y San Jerónimo.
En 1556 fue adquirido por Cristóbal de Escudero, quien compró diversos lotes colindantes con el batán. En 1598, por muerte de Cristóbal de Escudero, doña Leonor de Figueroa, su mujer, y su hijo vendieron a Baltazar de la Barrera dicho obraje, batán y tierras comprendido en 8 caballerías.
Por el año 1647 Baltazar de la Barrera vendió el obraje con batán y 8 caballerías de tierra a Don Antonio de Anzaldo, de donde proviene su nombre. A mediados del siglo XVI siguió conservando su extensión original, hasta que fue invadido por Don Francisco de la Riva Quintana, dueño del Obraje de Contreras, y por habitantes del Pueblo de La Magdalena, perdiendo poco más de 2 caballerías.
El 4 de junio de 1780 se resolvió que sólo entraran a los montes para extraer leña y a satisfacer sus necesidades mínimas. Dicha sentencia se ratificó el 27 de abril de 1858. En este año el dueño de la hacienda era Don Nicolás de Teresa, cuyos descendientes mantienen hasta nuestros días parte de lo que fue la hacienda.

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